Dentro del mundo de las leyendas podemos encontrar un sin fin de criaturas mágicas que todavía hoy en día perduran en la memoria popular. La leyenda más importante de Praga (por lo menos la más conocida) es la del rabino Löw y su Golem. En este caso realidad y fición se confunden (o no, cada uno verá lo que quiere creer). Sin certeza alguna sobre la existencia del Golem, el rabino Löw si existió realmente. De ello dan fe tanto su tumba (que se puede ver el en cementerio judío de Praga), como el asiento que le pertenecía que todavía permanece en la vieja sinagoga (Con su nombre tallado).

El rabino creó a su siervo, el Golem, a base de arcilla. Para poder insuflarle vida le introdujo en uno de sus orificios una tira con el nombre de Yahveh impreso en él.
El Golem, con su poderosa fuerza, era el esclavo perfecto. Realizaba todo tipo de tareas en la mitad de tiempo que cualquier hombre por muy duras que estas fueran. Además el Golem tenía el añadido de que no necesitaba descansar, ni comer, ni beber. Era un siervo incansable que trabajaba las 24 horas del día. Cuando se acercaba el Sabbath el rabino tan solo tenía que extraer el trozo de pergamino con el nombre de Yahveh de su interior para que el Golem quedase inerte, como si de un adorno se tratase.
Una vez el rabino se olvidó de extraer la tira de pergamino de su interior. En consecuencia, cuando este se encontraba entonando el primer salmo que iniciaría la ceremonia, un gentío asustado entró corriendo y gritando en la sinagoga. Aterrorizados contaron al rabino que el Golem estaba desatado. Destrozaba todo lo que se le ponía al paso y nadie era capaz de detenerlo.
El rabino se encontró entonces en una encrucijada. Por una parte él era el único capaz de detener al Golem, por otra parte era Sabbath, luego todo esfuerzo por mínimo que fuese era pecado. Mientras meditaba sobre cuál sería la solución correcta dada la situación, cayó en la cuenta de que el primer salmo todavía no había sido terminado, es decir, el Sabbath todavía no había comenzado.
Una vez llegada a esta conclusión el rabino salió corriendo en busca del Golem al que encontró destrozando todo aquello que le venía en gana sin problema alguno. El destrozo causado por el Golem superaba lo imaginable. Ante esta situación el rabino extendió sus brazos hacia su criatura. Este al verlo se acerco hacía él, momento que el rabino aprovechó para meter la mano rápidamente en el interior del Golem y extraer el pergamino cayendo este instantáneamente desplomado.
Ante esta situación la gente cantaba alegremente alrededor de la criatura mientras que reían y se burlaban de ella. El rabino, sin pronunciar palabra alguna, se marchó a la sinagoga donde retomo el salmo que había iniciado y continuó con la ceremonia.
El rabino jamás introdujo de nuevo el pergamino en el interior del Golem y el ahora muñeco de arcilla fue encerrado en el desván de la sinagoga donde, tras el paso del tiempo, se consumió hasta no quedar de él nada más que polvo. Aunque la leyenda cuenta que el muñeco de arcilla todavía hoy continua escondido en algún lugar de la vieja sinagoga de Praga, esperando a que un nuevo dueño le introduzca el pergamino que le devuelva a la vida.